Un cóndor cruza el cañón sin un solo aleteo: nueve pies y medio de ala negra, triángulos blancos por debajo, una cabeza desnuda del color del amanecer.Fuente 1Fuente 2
Monta las térmicas hasta los quince mil pies y recorre cien millas o más en un día, buscando a los muertos.Fuente 2Fuente 1
La carroña es todo su sustento: cualquier cosa ya muerta, de ratones a ballenas varadas.Fuente 2Fuente 1
Para 1982, existían veintidós cóndores de California en la Tierra.Fuente 3
Así que los biólogos hicieron una apuesta desesperada: el 19 de abril de 1987 se capturó a la última ave silvestre, y la especie entera pasó a la cría en cautiverio.Fuente 3
Cinco años después, los cóndores volvieron al cielo de California; Arizona siguió en 1996.Fuente 3
La amenaza que queda es invisible: una bala de plomo se fragmenta dentro de un cadáver, y el carroñero traga el veneno con la comida.Fuente 4
Cada cóndor silvestre lleva una etiqueta numerada, y los biólogos atrapan a cada uno cada año para analizar su sangre en busca de plomo.Fuente 5
Dar testimonio del cóndor es ver la extinción rechazada: 596 aves hoy, más de la mitad volando en libertad.Fuente 6
La recuperación se sostiene con decisiones: balas de cobre en vez de plomo, basura que se saca del territorio del cóndor, y acantilados que se mantienen silvestres.Fuente 7Fuente 4




