El hocico del gavial parece imposible: una yarda de mandíbula esbelta con un centenar de dientes como agujas, demasiado delgada para amenazar a nada que no sea un pez.Fuente 1Fuente 2
Caza cerca del fondo del río con rápidos mordiscos laterales, y en tierra solo puede deslizarse sobre el vientre entre el agua y la arena tibia.Fuente 1Fuente 3
A los machos maduros les crece una protuberancia hueca en la punta del hocico, la ghara, llamada así por una olla de barro india, que convierte sus llamados en silbidos zumbantes.Fuente 4Fuente 2
Desde la década de 1940 la especie declinó cerca de un 98 por ciento; para mediados de los setenta sobrevivían cincuenta o sesenta en la India.Fuente 4Fuente 5
Los propios ríos se están deshaciendo: la extracción de arena despoja los bancos de anidación, las presas agotan las pozas profundas y las redes de pesca ahogan a estos nadadores de mandíbula larga.Fuente 6Fuente 4
Una hembra pone unos cuarenta huevos en un banco de arena y custodia el nido sola.Fuente 2
La recuperación avanza liberación a liberación: cerca de mil gaviales jóvenes criados en cautiverio han entrado en los ríos del Ganges desde 2009.Fuente 6
Los adultos silvestres han subido de unos doscientos a unos seiscientos cincuenta en poco más de una década.Fuente 6
En Nepal, grupos comunitarios de guardianes del gavial patrullan los ríos de Chitwan, vigilando los nidos.Fuente 4
Dar testimonio del gavial es tomar partido por los ríos silvestres: pozas profundas, bancos de arena limpios, espacio para asolearse.Fuente 6




